Opinion

23 de Julio de 2009

Actualmente la tecnología ha cambiado el concepto de las productoras audiovisuales reduciendo las grandes islas de edición a una noteboock. Con las cámaras no es distinto. Hoy la calidad de imagen de una handycam no difiere demasiado de las costosas filmadoras profesionales. Debido a esto se ha ampliado la gama de propuestas en el rubro. Pero la posibilidad de equiparse a bajos costos con pequeñas estructuras no va acompañada, generalmente, de la debida formación profesional y se refleja en la disconformidad de muchos clientes, inversores, o productores ejecutivos que esperan de nosotros lo mejor.No pasa todo por ser el mejor camarógrafo o un impecable editor sino por comprender la necesidad de nuestro cliente o la expectativa del publico al dirigimos nuestro trabajo.

La comunicación audiovisual es eso “comunicación” y si fallamos en ello nada tendrá sentido. Existen técnicas imprescindibles, que nutren la expresión, tales como el guión, la fotografía y el montaje pero ninguna de ellas llegan a ser útiles si aun no se ha comprendido lo que se pretende comunicar. La premisa que origina nuestro mensaje.

Para entender esto solo basta con prestar atención en algunos de los muchos trabajos que realizan estudiantes de cine donde se puede observar excelentes logros estéticos de ningún mensaje.
También suele complicar la comunicación audiovisual los fundamentos artísticos de influencia altamente intelectual donde una simple idea es imposible de ser entendida por el común de la gente.

Hollywood a educado al publico argentino a un cine métrico y lógico sobreponiendo la emoción sobre la reflexión y esta triste realidad hay que asumirla cuando evaluamos nuestra propuesta. Realizar una película argentina con ciertos lenguajes audiovisuales europeos es como querer escribir el Martín Fierro en arameo. Y este conflicto de información, deja en el camino, decenas de películas nacionales que en la mayoría de los casos solo logran divorciar al espectador de nuestro cine.

Marcelo Gattolin